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¿Le conviene a Chile un Parlamento bicameral?

Enviado por Luis Patricio Díaz Canales el lun 10/05/2010 a las 8:45
Luis Patricio Díaz Canales

El Parlamento chileno es uno de los más antiguos del mundo. Se creó en los albores de la independencia con el objetivo de instaurar un gobierno con separación de poderes y que asegurara la adecuada representación de los diversos territorios de la naciente república. Si bien en un comienzo los reglamentos constitucionales establecieron una sola cámara legislativa, la Constitución de 1822 impuso un Congreso Nacional bicameral, siguiendo a los Estados Unidos de América, nación que con su emancipación del Reino Unido generó un enorme influjo entre los independentistas criollos.

La existencia de dos ramas legislativas se explica, especialmente, en los países de naturaleza federal, siendo una cámara representativa del pueblo, buscando una expresión fidedigna de la población y sus ideas, en tanto la otra representa a los estados o provincias, procurando equiparar la influencia de cada uno de ellos y evitar que aquéllos con mayor cantidad de habitantes impongan sus decisiones sobre los menos poblados. En los Estados Unidos estos objetivos no sólo alcanzan al sistema político sino también al mecanismo electoral.

Sin embargo, más cuestionable es su utilidad en estados unitarios como el nuestro. Entonces, se dan otros argumentos para justificar esta estructura, siendo los principales: la necesidad de distribuir el poder, evitar decisiones arbitrarias y procurar una mayor reflexión y análisis en la elaboración de las leyes. Con menos fuerza se encuentra sustento, también, en la diversificación de las elites, la preparación cívica de las autoridades a través de una cierta carrera política e, incluso, en la factibilidad de incorporar en una de las cámaras personalidades no determinadas por el sufragio popular, etc.

Tales fundamentos son rebatibles. En efecto, la descentralización y el fomento a la identidad regional y local pueden salvaguardarse e impulsarse de diversas formas, incluso a través de los propios sistemas electorales, sin requerirse del bicameralismo. Ciertamente, además, las regiones valorarían de mejor modo la elección de sus autoridades locales y el traspaso creciente de competencias desde el nivel central. El peligro de arbitrariedad y la mayor reflexión en la elaboración de las leyes, en tanto, resultan consecuencias derivadas más de la capacidad y calidad de las prácticas y personas que ejercen las atribuciones que un resultado inequívoco de la estructura del órgano.

La preparación de las autoridades y la diversificación de las elites tampoco son un producto cierto del sistema bicameral y, en cambio, podría asegurarse de mejor modo aumentando la participación ciudadana en los órganos políticos colegiados, como los concejos comunales y el mismo Parlamento. La proporción de ciudadanos v/s cargos electos en Chile es bastante baja, comparada con las naciones iberoamericanas y europeas.

Por el contrario, se sostiene que un Parlamento unicameral tiene claras bondades al permitir mayor agilidad en la elaboración de las leyes, evitar la dilución de la responsabilidad política en ambas ramas promoviendo una mayor responsabilidad de los legisladores ante los electores, trasparentar los procedimientos al simplificarlos, minimizando reiteraciones de debates, facilitar el apoyo técnico a la legislación e incluso ahorrar recursos económicos.

Todas estas razones confluyen para que muchas naciones cuenten hoy con Parlamentos unicamerales, entre los que se puede citar, en América Latina, a Venezuela, Perú, Costa Rica, Ecuador, El Salvador, Guatemala, Honduras, Nicaragua y Panamá. En Europa Central, en tanto, Hungría, Eslovaquia, Lituania, Bulgaria y Bielorrusia han seguido el modelo unicameral ya existente en los países nórdicos (Suecia, Noruega, Dinamarca, Finlandia).

En tanto, otras naciones conservan sistemas bicamerales más bien simbólicos, en que o se ha restado a una de las ramas todas o parte de sus funciones legislativas o, claramente, una prima sobre la otra, como ocurre en el Reino Unido, España, la República Checa o Eslovenia.

El Parlamento bicameral respondió plenamente al modelo de sus fundadores y a las necesidades de la sociedad chilena de los siglos XIX y XX. Sin embargo, existen poderosos fundamentos para analizar la conveniencia de su reemplazo por una Cámara Única. Ello ya fue propuesto por el Presidente Salvador Allende, pero sucumbió ante el fantasma de las asambleas populares. El Mensaje respectivo explicaba la propuesta en términos perfectamente aplicables a la actualidad. 

“En nuestro país, que es un Estado unitario, formado por ciudadanos a los que la Constitución asegura la igualdad ante la ley y confiere los mismos derechos políticos, el sistema bicameral no responde a ninguna necesidad real y en la actualidad contribuye a dilatar la adopción de decisiones políticas oportunas, a dificultarlas artificialmente y a crear en la opinión pública una suerte de desconfianza y recelo frente al proceso de formación de la ley que se estima costoso, lento e ineficaz.”

Hoy vivimos en un mundo ágil y dinámico, en que la prontitud y oportunidad en la toma de decisiones es un factor fundamental de su eficacia. Asimismo, la transparencia en los métodos y la eficiencia en los procedimientos han pasado a hacer una máxima irreemplazable. Es una buena oportunidad para no quedar atado a la tradición y la historia y analizar la conveniencia de un cambio de esta naturaleza. No en vano muchos han seguido ese camino.

La disyuntiva Unicameralismo o Bicameralismo

Enviado por el 18/05/2010 a las 11:29
Rodrigo Obrador

La disyuntiva Unicameralismo o Bicameralismo, no obstante no estar instalada con fuerza en la agenda de discusión pública en nuestro país, posee los atributos suficientes para su plena vigencia.

Quisiera contribuir a las reflexiones contenidas en este interesante artículo, con un documento que elaboré el año 2006, sobre el asunto en comento. Espero sea de interés.


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