Hablar del Defensor del Pueblo, de
Desde ya, la gente, el común de los ciudadanos y el legislador, los estudiosos del tema, se encontrarán con un primer obstáculo en el camino y que es el inmenso desconocimiento de lo que es, lo que significa, sus atribuciones y funciones, y de lo que puede llegar a ser esta institucionalidad de
Si se hace una encuesta, es muy posible, que el ciudadano no sepa nada del Defensor del Pueblo y probablemente ese desconocimiento también llegue a los cuerpos superiores de
Por lo tanto, la primera medida de la autoridad debería ser dar a conocer
Es cierto que su nombre Defensor del Pueblo o Defensor del Ciudadano, podría ser una denominación de connotaciones demagógicas, creadora de grandes expectativas, de enormes esperanzas en un pueblo que es desconocedor de la real y efectiva institucionalidad que el Defensor del Pueblo pudiera llegar a tener. El sólo nombre levanta expectativas tremendas por la gran cantidad de problemas sociales insatisfechos por el Estado y por la gran fuerza represiva en todo orden.
Por otra parte, no faltarán las oposiciones y recelos, las enormes barreras protectoras, defensivas, limitativas y bélicas; no faltarán las desconfianzas y los desprecios que generará en aquellos a los cuales se pretende controlar, se pretende fiscalizar.
Tampoco faltarán aquellos que pretendan limitar el ámbito de competencia, los recursos y los instrumentos jurídicos para que, en definitiva, su accionar, sus tareas, sus quehaceres lleguen a feliz término en un marco de eficacia indispensable.
Entonces, la cautela, la prevención, el tino la sutileza en el estudio, un mínimo de rigor científico, trato y la promoción del tema será fundamental para no crear falsas expectativas o concluir en injustos calificativos hacia la administración que en lugar de unir en torno a la nueva institucionalidad provoque un efecto contrario, la desunión del país.
De inmediato surge la pregunta: ¿Podemos afirmar con cierto rigor que los ciudadanos - en Chile - se encuentran amparados en nuestros días… frente a la actuación de la administración Pública en todas sus diversas manifestaciones? La respuesta, desde mi óptica, es un rotundo NO.
Sabemos que en Chile y Sudamérica se viene experimentando una constante y desgraciada pérdida de confianza, un incremento en el recelo hacia lo fiscal, hacia
Entonces, la prudencia, la delicadeza, el estudio y el rigor –repito- deben ser pilares fundamentales en la promoción, en la comunicación de
En esto del rigor científico, de las expectativas, hay que ser claro y objetivo. “Aquí no se trata de que esta nueva institución compita con los Tribunales de Justicia en el control de la legalidad de la actuación administrativa, ni tampoco de instituir un inquisidor supremo que juzgue las conductas de los funcionarios, escudriñando entre los oscuros entresijos de la relación funcionarial, para situarlos después en la picota pública como chivos expiatorios de cuanto funciona mal en
No, rotundamente No – señala muy bien don Álvaro Gil Robles y Gil Delgado en su obra “El Defensor del Pueblo” de Editorial Cívitas, Madrid, España, 1979. Pero continua este tratadista Español diciendo: “El defensor del Pueblo como el Ombudsman e instituciones similares, enlaza su razón de ser y existir con un profundo sentimiento de insatisfacción social ante los excesos que a diario genera el ejercicio del Poder Público a través de la relación de servicios que vinculan a la
Entonces, sería un gran error pensar que el Defensor del Ciudadano será el enemigo número uno de los funcionarios, por el contrario, viene a ser un colaborador en la tarea de dignificar, de valorar la actividad funcionaria hoy sometida a la crítica, al descrédito, por errores o descuidos, defectos, insuficiencias, que muchas veces no le competen al funcionario, sino que a la estructura administrativa ya obsoleta en muchos ámbitos.









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La falta de Tribunales Administrativos también acrecienta la desconfianza en el "Leviatán de nuestros días".